DOM
NOV
18
DOM
NOV
18

Un país seguro





4 octubre, 2017

 

Por Ramón Grimalt

“Bolivia es uno de los países más seguros de América Latina”, me dijo en una entrevista el viceministro de Régimen Interior José Luis Quiroga. Asentí con cierta sorna; en realidad para acabar con aquel tormento que sintetizaba, de un modo discrecional, vanagloria y demagogia. Es lo que hay, no pidamos peras al olmo. Al día siguiente, la Policía se enfrentó a un grupo de presuntos criminales en pleno Parque Temático en Tarija y se denunciaron desfalcos en el Banco Unión y en el Ministerio de Defensa. Evidentemente, somos un país seguro.

Dos días después, la Policía detuvo en Santa Cruz a un exmilitar que entregó armas al grupo involucrado en el asalto al vehículo blindado de Brinks. Fue uno de ellos, el tal Gordinho, que cantó como Plácido Domingo y dio el dato correcto. Y claro, somos un país seguro.

Alguna vez escribí en esta columna que hemos pasado de un crimen de baja intensidad-los narcotraficantes tenían patente de corso y contaban con conexiones en el Estado que les permitía cierto grado de impunidad e invisibilidad-a un crimen de mediana intensidad, a partir de los narco paramilitares de Marco Marino Diodato, la presencia de asociaciones criminales ancladas en la Policía, políticos de dudosa legitimidad vinculados con delincuentes como desnudó el controvertido caso Catler y bandas capaces de asaltar una remesa y luego una joyería con armamento traficado de Dios sabe dónde. Por supuesto viceministro,  tiene usted toda la razón, somos un país seguro.

Tengo la impresión-no lo conozco tan bien- de que José Luis Quiroga es un buen tipo, un funcionario eficiente y leal al partido, que hace buena letra y cumple con las tareas encomendadas. Le falta, sin embargo, el punto de mala leche imprescindible para ocupar un cargo de tanta responsabilidad. Tampoco su jefe, el ministro de Gobierno, Carlos Romero, tampoco tiene el perfil típico de tipo duro. Lo suyo es la burocracia, los despachos, las órdenes y contraórdenes y los actos oficiales. Ni siquiera el generalato policial se presenta como aguerrido porque es la época de lo políticamente correcto y de la defensa de los derechos humanos. Hoy todos se muestran, presentan y expresan conciliadores, negociadores, dialogantes, al menos de cara al gallinero. A la luz del reflector mediático todos los gatos son pardos.

En otras palabras, hemos hecho del bonismo una carta de presentación convincente a tal punto que cuando el crimen organizado-ese de alta intensidad- llama a la puerta no contamos con los recursos profesionales, técnicos e intelectuales para atender las situaciones de crisis que merecen mucha mano derecha pero también izquierda: ¿cómo se entiende si no el desenlace del intento de atraco a la sucursal de Eurochronos?

No existe una respuesta fácil. Penalizar a la Policía es un recurso tan vano como injusto. Se trata, básicamente, de nuestra eterna falta de estructura, la eterna improvisación y las carencias propias de una sociedad muy familiar, inocente hasta la candidez, incapaz de aportar soluciones en vez de parches, que se proyecta a su bicentenario sin mayor perspectiva que la sobrevivencia y el día a día. Pero nos queda un consuelo: somos un país seguro.

 

 

 

 

 

SACA PUNTAS

mas
SUMA

La oficina del Defensor del Pueblo, la Armada Boliviana y otras instituciones de Bermejo se sumaron este fin de semana a la campaña nacional contra la trata y tráfico de personas.

RESTA

Es lamentable que el olvido y la dejadez hayan llegado al bosquecillo de Juan XXIII, al ser un espacio pintoresco en otros tiempos que  luce hoy desdibujado en relación a la imagen que tenemos grabada en la retina.