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El profesor y los depredadores piadosos





13 septiembre, 2017

Por Ramón Grimalt

El periodismo-profesión, dicho sea de paso, denostada por culpa de un ejercicio discrecional de la misma en los últimos tiempos-a veces me permite conocer gente extraordinaria. La semana pasada, durante un seminario sobre organizaciones no gubernamentales y su labor asistencial en países en vías de desarrollo, tuve la oportunidad de conversar media hora con Efren Milanese, catedrático en La Sorbona y asesor de la red Raíz que atiende a personas en situación de calle desde México a Tierra de Fuego.  

Aproveché uno de esos intermedios imprescindibles entre exposiciones para apartar un par de sillas y pedir té, para mí, por supuesto, y un espresso para el intelectual italiano que, elegante como no podía ser de otro modo, aceptó de sumo agrado colocándose bajo un toldo que lo protegiera del sol de justicia a casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar. Efren es una de aquellas personas seductoras; le basta una frase para definir tal o cual escenario y se expresa con notable elocuencia. Como vi que bajo el brazo portaba un ejemplar de Il Corriere della Sera-no me fijé en la fecha, pero seguro era al menos de dos días atrás-rompí el hielo preguntándole sobre la crisis de inseguridad y zozobra generada a partir de los atentados islamistas en Barcelona de principios de agosto. El profesor se quitó las gafas con montura de carey, las puso sobre una mesita de jardín bastante oxidada, y me miró en silencio. Al cabo de cinco segundos dijo:

-Europa está comprendiendo lo doloroso que es el cacareado encuentro de civilizaciones cuando éste se fundamenta en la negación del otro. Porque una cosa es el discurso y otra la realidad.

Asentí y eché un vistazo alrededor. El resto de los participantes en el evento organizado por Munasim Kullakita, buscaba tazas, agua, café y refrescos. Advertí que Efren sonreía con cierta sorna.

-¿Ve? Hoy hablamos de solidaridad. De comprender al otro. De calzarse los zapatos de otro. Todos los presentes asumieron un compromiso formal. Pero ahora cada quien va a la suya. Nadie quiere quedarse sin su refrigerio. Los países, las sociedades, actúan del mismo modo. El ser humano, a pesar del carácter gregario que se le atribuye, es esencialmente individualista. Con ello no quiero decir que los pobres y los dramas colaterales de la pobreza no interesen. Al contrario. Interesan y mucho. Si no hubiera pobreza la inventaríamos. Es más. Conviene que haya pobres. Porque, permítame preguntárselo, ¿de qué cree que viven las organizaciones no gubernamentales? Todo es un gran negocio y lo seguirá siendo.

-¿Quiere usted decir que la pobreza es conveniente?

-Es necesaria-responde taxativo-Cualquiera de nosotros haya cierto espacio de confort, si vale un consuelo, para ser más claro, cuando comprueba que siempre existe alguien que está peor. Ello puede generar dos sensaciones: alivio y compasión. Los seres humanos nos movemos siempre en función de esas variables.

Efren me deja sin argumentos. Él lo sabe. Toma un sorbo de café con los ojos entrecerrados, parece disfrutar la infusión, y respira por una nariz romana, imponente incluso impertinente.

-Hace mucho perdí la esperanza en el ser humano. Esto no me hace un tipo insensible. Simplemente alguien consciente de que no se puede alentar la fe como un objetivo supremo, excelso. La fe es creer en algo o alguien de lo que no se tiene pruebas. Y yo tengo la certeza de que el hombre, y la mujer, claro, son depredadores piadosos.

No hace falta agregar nada más. Gracias, profesor.

 

SACA PUNTAS

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SUMA

Al culminar ayer al mediodía en el hotel Los Parrales el I Foro Nacional de Marcas Territoriales y Marca País, los organizadores como participantes calificaron el evento como “positivo” para el enriquecimiento de estrategias de promoción del turismo, además de la producción local.

RESTA

La falta de mantenimiento de los parques en la ciudad de Tarija. La caída de una parte estructural de uno de los juegos fue con suerte, pues pudo haber dejado víctimas fatales, algo que la Alcaldía no tomó en cuenta. Una irresponsabilidad gigante.