MAR
SEP
25

El drama de la clase media





11 septiembre, 2017

Por Ramón Grimalt

No puedo ocultar o soslayar si vale, el derrotero que está adquiriendo la crisis institucional  por que atraviesa Achacachi, la capital de la paceña provincia Omasuyos, tierra particularmente compleja, violenta en algunos pasajes de la historia, sumida hoy en un descalabro de pronóstico reservado que el Gobierno trata de menoscabar.

Resulta inconcebible, poco admisible en democracia y muy censurable desde el sentido común-el menos común de los sentidos-que nadie en Kilómetro Cero mueva ficha pidiéndole al cuestionado alcalde, Edgar Ramos, que dé un paso al costado renunciando al cargo. Se apela, naturalmente, a un proceso revocatorio de la autoridad por medio de una consulta popular, lo que rechaza una parte del pueblo exigiendo su renuncia. De hecho, llevamos cuatro semanas mal contadas de conflicto, con una serie de movilizaciones en las calles de la sede de gobierno aliñadas con varias amenazas algunas de grueso calibre como la eventual toma forzosa de las represas y las instalaciones de suministro de energía eléctrica como la planta de Zongo. Hablando en oro, nada que los habitantes de esta castigada ciudad no hayamos padecido. Y es ahí donde apunto mis dardos.

La gente común, esa que como usted o yo, sólo queremos pan, mujer/hombre y la fiesta en paz, estamos hasta las narices de vivir en una ciudad sitiada. A la mayor parte de la gente, esa que no vive o medra, depende, de la política o del Estado, le importa un comino que los achacacheños se saquen la entretela por culpa de un burgomaestre empecinado en mantenerse sentado en la poltrona y a quien se cuestiona por corrupción. Queremos vivir tranquilos, sin sobresaltos en cada esquina, alejados del chirrido que provocan las demandas de todos aquellos sectores en conflicto en una sociedad incapaz de dialogar y que sólo se mueve por la envión del melodrama continuo, esa máxima/mínima que reza “hasta las últimas consecuencias”.

Estamos hartos de mujeres arrastrándose en inmediaciones de la cárcel de San Pedro donde permanecen los dirigentes acusados de incendiar la casa del alcalde, llorando a moco tendido en cuanto aparecen una cámara y un micrófono, utilizando hasta el abuso menores de edad y estudiantes para protestar en nombre de una suerte de Fuenteovejuna al uso. Y claro, en medio el ciudadano común, el que paga impuestos, esa clase media sometida a los excesos del poder estatal y a la dictadura callejera de los llamados movimientos sociales. Aunque las comparaciones siempre resultan odiosas, en Estados Unidos la carta de ciudadanía se expresa a la hora de hacer la declaración de impuestos; en Bolivia sólo un porcentaje mínimo de la población contribuye al fisco y apenas se beneficia con migajas recibiendo a cambio paros, bloqueos, dinamitazos, atascos y desprecios, en definitiva un precio muy alto a pagar.

Es esa misma clase media, por ejemplo, la que hizo cola hasta las quinientas para empadronarse para votar en las elecciones judiciales del 3 de diciembre con un motivo único: no verse perjudicada con la dolorosa penalización de tres meses sin poder hacer trámites ni viajar en un país donde, paradójicamente, la participación en democrática es obligatoria. Llegados a este punto, no voy a ser políticamente correcto: la democracia a la carta no es democracia, es “dedocracia” y no sé usted, amigo mío, todo este cuento ya empieza a fastidiarme de un modo lacerante al punto que medito con absoluta rigurosidad comprarme una casa en San Lorenzo y alejarme de una buena vez del mundanal ruido.

 

SACA PUNTAS

mas
SUMA

Los profesionales en comunicación social realizaron su primera asamblea como ente colegiado con el objetivo de socializar su estatuto y conformar un comité electoral, además que por primera vez tendrá representación en la Federación de Profesionales de Tarija.

RESTA

La inseguridad por las noches en diferentes puntos de la ciudad, es cada vez más evidente, según las constantes denuncias de una madre de familia que vive en pleno centro de la ciudad. Hay locales en los que pese a la información referida a la Guardia Municipal, esta instancia municipal no estaría respondiendo a tiempo.