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El Diario de Ana





6 septiembre, 2017

Por Ramón Grimalt

Ayer fue el cumpleaños de Ana. Una amiga le colocó una vela en un cupcake y la felicitó con un beso en la mejilla para luego perderse calle abajo, en la 12 de Octubre, en El Alto.

-Yo no voy a hacer eso que hace ella-me dijo Ana sentada sobre una caja de cartón prensado-No me interesa. ¿Sabe? Ellos intentaron convencerme de que iba a ganar buena plata. Pero yo no soy de esas. A mí me interesan otras cosas.

Le creo. Sobre todo porque a sus catorce años recién cumplidos demuestra una madurez impropia para su edad. Ella es una chiquilla menuda, de piel morena, cara redonda y cabello azabache, algo azulado, con la cicatriz de una quemadura en el pómulo.

-Sufrí un accidente de pequeña. Me quemé con agua hirviendo y así quedó. Explica mostrándome la herida que afea un poco un rostro de marcados y bien definidos rasgos indígenas, aymaras.

Ese tipo de sucesos marcan una vida para siempre. Un par de años después, cuando ella tuvo diez, su padre se largó para no volver y mamá se vio obligada a limpiar los pisos del Hospital Obrero de La Paz. Los conflictos familiares se multiplicaron sobre todo porque su hermana mayor llevó a su novio a vivir a casa haciendo insoportable la convivencia. Pero Ana tenía un refugio. Cuando los estudios se lo permitían, buscaba un libro viejo y gastado debajo del catre sumergiéndose  con el Capitán Nemo, el profesor Aronax y Ned Lad en busca de los tesoros de un galeón español del siglo XVII. Confiesa haber leído Veinte mil leguas de viaje submarino unas diez o quince veces. Conoce diálogos completos, pasajes enteros, capítulo por capítulo, un personaje detrás de otro, los lugares, las máquinas, el impresionante Nautilus y el trasfondo político.

-Es una crítica contra el imperialismo y la lucha de los pueblos por su libertad-sostiene-Nada que ver con lo que pasa ahora…

Compartimos una sonrisa cómplice que poco a poco se va ensombreciendo. No necesito preguntar qué le sucede.

-Hace dos meses me fui de casa. Vivo aquí mismo, entre los cartones porque me lo permite el dueño de este puestito. Es un buen hombre. Digamos que me protege.

-Pero este no es un lugar para ti… Replico sin perder detalle de sus manos aferrándose a un libro del que no puedo leer el título.

-Es donde quiero estar. Cualquier lugar mejor que mi casa.

No pretendo forzar situaciones; cada quien y su circunstancia. Ana es muy libre de decidir dónde, cuándo y cómo vivir. Pero resulta que es menor de edad, el Estado tiene la obligación de protegerla y, por supuesto, liberarla de la calle aunque los hogares u hospicios no sean precisamente un modelo de gestión. “Le queda ese libro”, suspiro tratando de aliviar la pesadumbre que me embarga. Entonces desliza sus dedos lo suficiente como para que yo pueda ver el título: El diario de Ana Frank. Una ironía del destino. Hace sesenta años aquella joven se refugió en un cuaderno para huir del drama de la persecución nazi. Hoy, la pequeña que apenas levanta un palmo del piso, busca un espacio para ser libre. Velas y buen viento, mi querida niña.

 

SACA PUNTAS

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SUMA

La Entidad Municipal de Aseo de Tarija, dispuso realizar un cambio de horario en el servicio de recojo de basura en los barrios del centro de la ciudad, con el fin de evitar conflictos y nudos viales como viene ocurriendo a la fecha.

RESTA

El insulto y la incitación a la violencia por parte de la dirigente gremialista de Villa Montes, Gaby Gandarillas, en contra de los tarijeños, o mejor dicho de sus hermanos del mismo departamento. Para colmo, la dirigente mostró en sus declaraciones una fuerte falta de conocimiento respecto a la producción de hidrocarburos.