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Ser tatuador en Cuba es algo clandestino






2 septiembre, 2017

INFOBAE

En Cuba no hay cursos de tatuajes, no se encuentran libros sobre el tema, no se fabrican máquinas de tatuar ni tintas, y nada de eso se puede importar legalmente.

En Cuba no hay cursos de tatuajes, no se encuentran libros sobre el tema, no se fabrican máquinas de tatuar ni tintas, y nada de eso se puede importar legalmente. Ser tatuador no se considera una profesión oficial en el país. Tatuar es algo clandestino.

Pero Fidel debería saber que lo prohibido es más atractivo. Por las calles de La Habana es muy fácil encontrar tatuados, sean ‘cuchos’ o jóvenes, e incluso algunos estudios de tatuaje (con entradas poco seductoras). En las 33 noches que pasé en la isla, el tipo con los tatuajes más increíbles que encontré fue un camello que estaba en todas las fiestas. Él me recomendó un estudio en la avenida 23 del barrio Vedado. “Diga que es mi amigo”. Eso siempre ayuda.

Llegando al lugar me encontré a Rioger Martínez, de 23 años de edad y dos en la profesión. Rioger estudió diseño y comenzó como todos los cubanos: “Tenía una máquina casera y tinta improvisada, todo el mundo aquí pasó por eso”. El problema, según él, son los equipos y la tinta porque depende de alguien que los traiga del exterior. No se pueden comprar por internet y pedir que los entreguen en la isla.

En el estudio, Rioger atiende una media de dos personas por día a un precio medio de 80 reales (unos 22 euros), dependiendo del tamaño del diseño y de la nacionalidad de la persona. Para los turistas, todo es más caro. Como ya había terminado los pajaritos en la espalda de una chica y el lugar estaba vacío, pedí algo para mí.

Cuando era niño, mi familia extremadamente conservadora decía que si me hacía un tatuaje perdería el derecho a la herencia, algo que probablemente ni existe. Ya me hice algunos garabatos en el cuerpo, entre ellos la sigla ACAB (All Cops Are Bastards) que me rayó el vicepresidente de un grupo de hinchas. Supongo que ya no estoy en la lista familiar de beneficiarios. Entonces, ¿por qué no llevarse un recuerdo especial de Cuba? Como quería algo local, fui a buscar inspiración en la propaganda revolucionaria de Fidel, que tiene como lema “Estudio, Trabajo y Fusil”. Escogí el último y recibí el dibujo de la famosa AK-47, la preferida de los guerrilleros.

Con aguja en mano, Rioger me contó que los tatuadores de la isla ya no hacen temas comunistas o revolucionarios, a no ser que sea para los turistas. “Siempre que tatué el Che Guevara fue para un extranjero, los cubanos ya no se relacionan con esas historias, ellos quieren otras cosas”.

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