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BANDERAS DE NUESTROS PADRES





1 septiembre, 2017

Por Ramón Grimalt

Me lo dijo en una entrevista poco después de que se declarara sofocado el incendio en la serranía de Sama. Por regla general soy escéptico con la palabra de los políticos, sin importar de dónde vengan. Considero que todos, sin excepción, están cortados con el mismo rasero y, qué quiere usted que le cuente, me generan una natural desconfianza.

Pero durante esa entrevista tuve dudas. Por un momento interpreté que cada frase se emitía desde el corazón y se pronunciaba tomando en cuenta el esfuerzo de miles de tarijeños y tarijeñas que subieron al monte a salvar su patrimonio natural. “Hemos de plantearnos una reflexión sobre nuestros retos futuros. El manejo racional y responsable de nuestras capacidades financieras, técnicas y humanas. No podemos quedar indefensos ante este tipo de amenazas”, me expresó emocionado Rodrigo Paz, alcalde de Tarija, y por un instante le creí porque fui testigo de cómo el Gobierno municipal movía todos los recursos a su disposición para evitar un desastre aún mayor. De un modo mancomunado, quizás por primera vez en su historia reciente, se unieron las llamadas fuerzas vivas de este pago, Alcaldía, Gobernación, Comité Cívico y sociedad civil dejando de lado intereses políticos, sectarios, incluso apetitos personales, con un mismo objetivo, si se me permite la metáfora, bajo una misma bandera, esa que nos ampara a todos aunque por azares del destino la vida nos haya llevado lejos, demasiado lejos.  Por eso, le soy muy sincero, me extraña que poco después de una crisis de tal envergadura se haya tomado una decisión tan peregrina como destinar cuatro millones de bolivianos a un monumento dedicado a la enseña departamental en época de vacas flacas, tomando en cuenta una sensible reducción de las regalías por concepto del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), cuando las autoridades departamentales deberían centrar sus esfuerzos y voluntades a preparar una propuesta clara, precisa y solvente para poner sobre la mesa del Gobierno en ocasión del debate y negociación del imprescindible pacto fiscal sobre el que gravita el futuro del desarrollo departamental. Pero, al mismo tiempo, me llama la atención entendiendo que  a partir del incendio se asumió la necesidad de destinar recursos al desarrollo de un sistema de alerta temprana y atención de desastres.

Con ello no quiero decir que de golpe se hayan olvidado las lecciones de Sama. Es muy probable que más pronto que tarde, éstas sean una prioridad departamental y, por lo tanto, municipal. Lo que chirría desde el sentido común es el monumento y no por su costo, sino por ser absolutamente inoportuno.  Con cuatro millones se pueden hacer muchas cosas, quién sabe si mejorar éste o aquél servicio, sus prestaciones y alcances, en beneficio de los ciudadanos y ciudadanas que habitan un municipio vulnerable. Porque el incendio desnudó falencias operativas muy profundas subsanables desde una adecuada planificación y para ello, por favor, se necesita un presupuesto donde cuatro millones sí pueden marcar la diferencia.

De cualquier modo, no creo que Rodrigo Paz recule y dé marcha atrás. Habrá mástil y bandera, enorme, magnífica, hermosa, que flameará al viento y será bien visible, tanto como ciertos afanes de notoriedad política, esa tendencia tan nuestra a los actos grandilocuentes. Por fortuna, entonces, como ahora, al final será el pueblo el que enarbole sus banderas, esas que un día defendieron sus padres aún con su propia vida.

SACA PUNTAS

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SUMA

El presidente de la Cámara de la Construcción, Marcelo Romero Llanos, informó que en un acuerdo con el rector de la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho, Gonzalo Gandarillas Martínez, los constructores apoyarán a los estudiantes que asisten a esta universidad con pasantías e intercambio de servicios.

RESTA

Siguen registrándose incendios por la quema indiscriminada en el área rural o los denominados chaqueos, pese a las experiencias vividas que incluso nos dejaron luto.