JUE
NOV
15
JUE
NOV
15

La desaparición de un pueblo sudamericano transformó el concepto de desastre natural






31 agosto, 2017

INFOBAE

Pese a la existencia registrada de dos episodios anteriores igualmente trágicos y a la advertencia de los científicos respecto de la sospechosa reactivación del volcán Nevado del Ruiz, la ignorancia, la tozudez y el autoritarismo fueron más que la amenaza que se cernía sobre Armero, una localidad montañosa a menos de doscientos kilómetros de Bogotá.

Las crónicas de 1595 ya hablaban de una erupción y bloques de hielo bajando por el río Magdalena. Muy lejanas, sin embargo, como para ser tenidas en cuenta. Pero en 1845, con registros más confiables, otra erupción del mismo volcán borró del mapa a un pueblo localizado en el mismo sitio en que 140 años más tarde los habitantes de Armero vieron bajar los lahares que volvieron a sacarlo de la faz de la tierra. Un lahar, supieron luego los pocos sobrevivientes, es un flujo violento y veloz de lodo, tierra y escombro resultado de la actividad volcánica.

El Nevado del Ruiz llevaba sesenta y nueve años inactivo. A fines de 1984 los vulcanólogos colombianos comenzaron a vislumbrar fumarolas, deposición de azufre y otros indicios del despertar del cráter. En septiembre de 1985 ya era indisimulable y las sucesivas pequeñas erupciones comenzaron a sugerir evacuaciones, en una región que incluía a los pobladores de Armero, 45 kilómetros abajo del volcán. Los mapas de riesgo elaborados para la ocasión no solo eran equívocos y pobres, sino víctimas de la extorsión: los comerciantes y hacendados locales, temerosos de perder dinero en la recesión derivada de un eventual éxodo, literalmente obligaron a las autoridades a mantenerlo bajo siete llaves. La acción volcánica se avecinaba y todas las condiciones estaban dadas para que se convirtiera en desastre.

La trágica historia de Omayra Sánchez, la víctima más recordada de la Tragedia de Armero: murió a sus doce años tras varios intentos por rescatarla. Sus ojos recorrieron el mundo (AFP PHOTO/El Espectador)

La trágica historia de Omayra Sánchez, la víctima más recordada de la Tragedia de Armero: murió a sus doce años tras varios intentos por rescatarla. Sus ojos recorrieron el mundo (AFP PHOTO/El Espectador)

La madrugada del 13 de noviembre de 1985 se inició con una columna de ceniza sobre la boca del Nevado del Ruiz. El Servicio Geológico colombiano recibió la información de Defensa Civil y ordenó una evacuación. Pero como entre las cinco y las siete de la mañana la ceniza dejó de caer las autoridades locales instruyeron a la población a que volviera a sus casa en calma. El suicidio colectivo acababa de decretarse. A las nueve de la mañana el volcán vomitó fuego, literalmente. Treinta y cinco millones de toneladas de material, excesivamente rico en azufre, explicaron el nivel tres, propio de una erupción violenta, que se le otorgó al episodio. El resto lo hizo esa combinación de naturaleza y sociedad, muchas veces anómala.

El calor derritió los glaciares de la montaña. Los lahares bajaron a más de sesenta kilómetros por hora multiplicando por cuatro el caudal de los ríos que nacían en la cima del volcán. Once y media de la mañana es la hora en que el vendaval entró y sepultó Armero. Más de veinte mil de sus 27 mil habitantes murieron casi en el acto. La moderna y ajustada definición de desastre natural entraba en vigencia: se trata de un proceso detonado por un acontecimiento de la naturaleza cuya magnitud está determinada por la vulnerabilidad de la sociedad sobre la que impacta. Armero se había levantado por tercera vez en el lugar exacto por el que pasaría el lahar en caso de erupción. Mayor vulnerabilidad, imposible.

Cicatrices es una sección del programa Ambiente y Medio que se emite todos los sábados a las 16 por la Televisión Pública Argentina

eP - EDICIÓN DIGITAL
Sedes confirmó un nuevo caso de hanta virusVioleta Castillo/Bolinfo/Tarija (elPeriódico-noviembre 15/2018) La responsable de la Unidad de Epidemiología del Servicio Departamental de Salud (Sedes), Claudia Montenegro, informó que en la última semana confirmaron un nuevo caso de hanta virus y que ya tomaron los recaudos correspondientes. “Para el informe de la semana número 45 tuvimos la confirmación de un caso de hanta virus, el mismo se registró en el municipio de Yacuiba. Luego de esta confirmación ya se procedió al bloqueo y atención del paciente”, indicó. Esta enfermedad viral la transmiten los roedores de campo a través de sus heces, orina y saliva a las personas que toman contacto con estos desechos, puede ser mediante la inhalación, tacto o mordeduras. Por esta razón, es recomendable mantener las viviendas limpias para evitar la proliferación de los roedores. Los síntomas que caracterizan a este virus son: fiebre, dolores musculares, escalofríos, dolores de cabeza, náuseas, vómitos y, en ocasiones, dolor abdominal como diarrea. Las autoridades recomiendan que en caso de presentar estos síntomas, las personas acudan al centro de salud más cercano para ser diagnosticado y tratado. Este último caso confirmado se convierte en el décimo registrado en la presente gestión en el departamento. El municipio con mayor incidencia del virus es Bermejo con cinco casos, luego se encuentra Yacuiba con tres, finalmente Caraparí y Padcaya con un caso en cada uno. (eP).
mas
SACA PUNTAS

mas
SUMA

El Primer Foro Nacional de Marcas Territoriales y Marca País fue inaugurado ayer por la mañana en el hotel Los Parrales con la participación de autoridades e instituciones del sector público y privado.

RESTA

Un estudio realizado por una universidad en la ciudad de La Paz y que fue avalado por el Ministerio de Salud, reveló que Tarija es uno de los tres departamentos que encabeza el consumo mensual de bebidas alcohólicas.