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Fiesta Grande… entre el pasado y el presente





17 agosto, 2017

El respeto de la tradición y la costumbre ha dado lugar a barbaridades en la historia, han habido quienes aprovechándose de eso han cometido los crímenes más terribles, igual ha sucedido con la religión, no faltaron quienes escudados por la inquisición aprovecharon de librarse de quienes les estorbaban. Algo parecido a las dictaduras, no importa de la tendencia que fueren, estar en contra de ellas ha significado la muerte.

En una fiesta tan nuestra con es la de San Roque, ya desde hace unos años han surgido controversias sobre el rol de las mujeres en ella, si bien existen normas internas que disponen que quienes pueden bailar como chunchos para el Santo sólo deben ser hombres, no mujeres, ellas ha intentado ser y estar pero no se les ha permitido, se ha abierto un escenario de debate sobre el por qué sólo varones, lo cuestionable es que no se quiere abrir la puerta para eso. Son tradiciones férreas, infranqueables, que sin duda limitan más allá de lo grandiosa que sea la festividad y gigante la devoción de un pueblo. La fe no reconoce géneros, no reconoce hombres o mujeres, simplemente está, simplemente es, simplemente late. Hasta la iglesia ha abierto sus puertas sobre el celibato, sobre si los curas deben o no casarse, si las mujeres pueden oficiar misa o no y un sin número de temas que eran considerados tabú en otra época y hasta herejía. Por lo que hoy habla el Papa Francisco, podía haber sido llevado a la hoguera hace unos siglos, las transformaciones son parte de esta época, quedarse pegado al pasado puede ser peligroso y hasta asfixiante para una sociedad, que se nutre de sus costumbres y tradiciones desde luego, pero en la medida que estas se van dislocando de los tiempos pasados y acomodando para el bien a los actuales, corren el riesgo de perderse, de extraviarse y con ellas la identidad de un pueblo.

Al inicio de la Fiesta Grande, se identificó que una mujer estaba bailando como chuncho y la reacción fue inmediata, la obligaron a dejar de hacerlo y a quitarse el atuendo, ahí surgen una serie de cuestionamientos de buena fe… ¿ qué tan distinta es la fe y devoción entre un hombre y una mujer?, ¿ qué tan diferente puede ser para el Santo que una mujer le haga la promesa de bailar para él?, ¿habrán mujeres con más fe y devoción hacia San Roque que varones que bailan, que son chunchos y hasta terminan a los golpes en medio de la procesión?, ¿ acaso el chuncho no se lo lleva por dentro más allá de la vestimenta?, ¿ acaso no es que ese chuncho debe seguir siendo chuncho después de que se quita el atuendo y luego de que pasó la fiesta grande?… ¿ o sólo se es chuncho por unos días, por el encierro y nada más?…

No creemos que sea así, hemos visto amigos y conocidos con un profunda convicción y amor hacia el Santo Patrono, lejos del egoísmo y el protagonismo personal, amigos de los que le juraron bailar hasta que las fuerzas se lo permitan, hombres  de buena fe que con su mística hacen más grande esta tradición tarijeña, que va más allá de reglas escritas por otros hombres, no por el Santo, no por Dios.

Respetamos profundamente la Fiesta Grande, tiembla nuestro cuerpo, se nos hace un nudo en la garganta, caen algunas lágrimas, cuando sentimos el paso de los chunchos, cuando vemos a San Roque en lo alto…Fiesta Grande que no puede ni debe ser empañada por criterios personales, ni mezquindades ni egoísmos. Finalmente ¿ de quién es San Roque si no es del pueblo entero, de los pobres, de los necesitados… de todos?