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Fe De Erratas





17 agosto, 2017

Por Ramón Grimnalt

Acuso recibo de un correo electrónico del señor Miguel Ángel Ribera, entiendo natural de Santa Cruz de la Sierra y “lector habitual” de esta columna en formato digital, online que se dice, quien observa un error en el texto “Hermanos de armas”, publicado el 7 de agosto cuando quien suscribe se refiere a la batalla de Rorke’s Drift. “Señor Grimalt, el hecho se produjo el 22 de enero de 1879 y no como aparece en 1979”. Acepto, naturalmente, la crítica y la observación, atribuyendo el error a un problema de edición de mi absoluta responsabilidad. Vamos, que me pasé cien años como quien se pasa cien pueblos manejando un Ferrari a más de doscientos kilómetros por hora.

Por supuesto habrá castigo y penitencia, aunque no creo que me compre diez o doce cuadernos de cuadrícula menuda para escribir una y otra vez la oración “revisaré el texto antes de enviarlo a mi editor”. Esa caduca penalidad, creo, ha sido superada por el sistema educativo boliviano aunque algún que otro iluminado pretenda mantenerla vigente. Me refiero al señor vicepresidente del Estado, Álvaro García Linera, que consideró inaceptable que un folio de su magistratura estuviese coronado con la palabra VICEPRECIDENCIA, cargando toda su iracunda verborragia contra el funcionario en cuestión cuyo error no fue otro que ser parte del resultado de una educación mediocre, sin lectura y con apenas escritura.

No deja de ser una lamentable coincidencia que días antes de tan tremendo desatino, la Policía detectara a varios miembros de la institución verde olivo pretendiendo cometer una corruptela poniendo una H antes del acrónimo UMOPAR en sus credenciales. En otras palabras, escribimos como hablamos, y hablamos como leemos, es decir mal, así nomás.

Insisto. No se trata de un tema de ignorancia, sino de falta de una formación escolar integral que dé la importancia que se merece al lenguaje, una materia residual desplazada por el desarrollo de las ciencias exactas y las nuevas tecnologías que simplifican la palabra a un emoticono. Otra cosa es, definitivamente, que el vicepresidente ejerza como uno de aquellos profesores autoritarios de antaño que te castigaba escribiendo mil veces “no escribiré burro con V” en la pizarra, entre otras lindezas. Tengo la impresión de que don Álvaro ha asumido un papel magisterial en relación al común denominador de los bolivianos y bolivianas, mutando hacia una figura académica simplemente irritable que genera una natural resistencia entre una mayoría harta de tanta soberbia jacobina.

El “profesor” es incapaz de realizar un saludable ejercicio de autocrítica; su mirada fría y  altiva lo distancia de aquellas personas con espíritu libre pensante y, desafortunadamente, lo aproxima a la masa que escucha boquiabierta toda su retórica aunque de la misa comprenda la mitad. Conocedor de la historia boliviana, sabe perfectamente qué fibras tocar en un país donde quien se expresa bien, con corrección, y este es el caso sin lugar a dudas, tiene ganada parte de la batalla. El resto, depende de esa predisposición tan altoperuana a dejarse llevar por la marea demagógica del discurso político incapaz de contemplar una necesaria e imprescindible fe de erratas.

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SUMA

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RESTA

La respuesta esquiva de la Dirección de Ingresos Municipales respecto a la falta de controles a las tiendas que ofertan productos de contrabando, desligando toda responsabilidad, cuando es una realidad palpable en el centro de la ciudad como en diferentes barrios de la capital.