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Última carta de Pinto: “Siempre me sentía solo y vivía buscando trabajo”






16 agosto, 2017

ERBOL

El exsenador opositor Roger Pinto Molina escribió una de sus últimas cartas conocidas hasta ahora, donde relata que la persecución política del gobierno de Evo Morales, hizo que se alejará de toda su familia y  viera obligado  en soledad, buscando trabajo para subsistir en Brasil. PIntio falleció la madrugada de este miércoles, tras sufrir un accidente aéreo en la avioneta pilotada por él y que cayó a tierra.

Pinto concedió en febrero una entrevista a la revista brasileña Veja, que difundió el contenido de su carta, donde cuenta detalles de su salida de Bolivia en agosto de 2013, la ayuda que recibió en Brasil, donde comenzó su nueva vida, pero en soledad y ante la permanente necesidad de buscar trabajo que le permita subsistir en país ajeno, pero que lo acogió en calidad de refugiado político.

A la cadena de necesidades que enfrentó durante cinco años, hace nueve meses se sumó la tragedia del Chapecoense, donde falleció su yerno. Desde entonces Pinto sintió la presión por generar mayores recursos porque decidió asumir la responsabilidad de sus tres nietos.

CONTENIDO DE SU CARTA

“Cuando me refugié en la Embajada de Brasil en La Paz, el 28 de mayo de 2012, tenía la convicción de que saldría de ella en pocos días. Yo había desafiado al presidente Evo Morales al denunciar la acción de corruptos en su gobierno, pero creía que estaría protegido por mi condición de senador.

Después de una semana, empecé a percibir que mi situación se había vuelto irreversible. En poco tiempo, ya estaba psicológicamente destruido. La soledad es dura y degrada a cualquiera.

Durante los 453 días que pasé en la embajada, pensé muchas veces en entregarme. Recibía recados de partidarios del presidente que decían que ellos pretendían quemar a mis familiares vivos. Cualquier padre y abuelo conoce el significado de una amenaza de esas.

Yo sabía que ellos serían capaces de cometer ese tipo de atrocidad. Nunca perdí la esperanza de volver a ser libre. A pesar de eso, cuando el diplomático brasileño Eduardo Saboia me sugirió huir secretamente a Brasil, tuve miedo.

Era un salto en la oscuridad que podría resultar en mi muerte. En la mañana del día en que partimos, miré todo lo que tenía. Mi cama, mi escritorio. La embajada era mi casa. Yo ya me había acostumbra doy, por un instante, no quise dejar ese ambiente atrás.

Cuando entramos en Brasil, ya casi sin combustible en el tanque del coche, después de viajar por cerca de 1 600 kilómetros, sentí una emoción profunda. Yo estaba libre. He encontrado del lado de aquí de la frontera una solidaridad indescriptible.

Hice amigos entre la clase política que hoy considero miembros de mi familia. En cuanto llegué, el senador Ricardo Ferraço (PSDB-ES) me llevó a Brasilia y me ofreció refugio. Pasé casi seis meses en el apartamento del senador Sérgio Petecão (PSD-AC), que me cedió una habitación, donde viví como si fuera mi casa.

A pesar de toda la ayuda, se engaña quien cree que tuve una vida fácil desde entonces. Ningún exilado está feliz lejos de su patria. Todos los días sueño en volver a Bolivia, mi país y mi hogar verdaderos. Por más que mis nuevos amigos se esforzaran para acogerme, siempre me sentía solo.

Brasilia no era mi ciudad. Me quedaba la mayor parte del tiempo encerrado en el departamento que me había cedido. Pero en vez de dejarme consumir una vez más por la soledad, usé ese tiempo de reflexión para convencerse de que no podía permitir que los corruptos de mi país siguieran haciéndome mal.

Me encantaría el hecho de que Brasil pasaría a ser mi nuevo país y fui a buscar un empleo. Tendré breves e inicié una nueva carrera. Yo, que ya pilotaba ultraligero, descubrí en la aviación mi placer y mi sustento.

Hoy, presto servicios como piloto particular en varias partes de Brasil. Ya hice hasta vuelos panorámicos en el litoral de São Paulo. Muchas veces transporto personas que ni siquiera saben de la historia de persecución que sufrí ni del incidente diplomático que de ello resultó.

Reconstruir mi vida es más que una victoria personal. Intento mandar el siguiente mensaje de resistencia a todos los perseguidos políticos: “Evo no me destruyó”.  Quiero que ellos sepan que también pueden superar las dificultades de estar en la oposición.

Obviamente, nadie sale ileso de la persecución estatal. Perdí casi todo, y en todo momento necesito vencer nuevas adversidades.

Estaba todo listo, por ejemplo, para que mi esposa viniera vivir conmigo en Brasilia. No vivo con ella bajo el mismo techo desde el refugio en la embajada, hace casi cinco años.

Pero la tragedia de Chapecoense postergó nuestros planes. En el accidente murió mi yerno Miki (Miguel Quiroga), que pilotaba el avión de LaMia que llevaba al equipo de Chapecoense.

Mi hija y mis tres nietos viven en Acre, y mi mujer va a vivir con ellos. Yo permaneceré en Brasilia, para sostenerlos con mi trabajo. Cuando me quedé confinado en La Paz, Miki cuidó a mi familia. Ahora tengo que llenar el vacío dejado por él”.

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