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Abel, el carpintero más conocido del penal de Morros Blancos






14 agosto, 2017

SAÚL CARDOZO/ BOLINFO/ TARIJA

El 26 de enero de 1990 Pastor Abel Carvajal, llegaba de Villa Montes, siendo detenido por los policías, porque no tenía licencia de conducir, le pidieron mil bolivianos, pero  solo tenían Bs 500, por ello,  lo llevaron a las oficinas policiales acusado de narcotráfico, según relata.

Lo amarraron a una tabla con las manos atrás y los ojos vendados.

“Un hombre gordo se me sentaba en el pecho, me ponía una tela en la nariz y en la boca, me echaba agua con una cubeta cuando estaba a punto de asfixiarme, me dejaba respirar un poco y otra vez, así durante varios días”, cuenta Pastor, ahora ya libre de toda culpa y de profesión carpintero, la que aprendió cuando estaba detenido.

Cuenta que en ese entonces, le amenazaron con dañar a su familia si es que no firmaba todos los documentos que le pusieron en la mesa para incriminarle del delito.

Pastor era agricultor y ganadero.  En ese entonces,  tenía 26 años de edad; pero ahora es casado, siendo  padre de tres hijos: dos hombres y una mujer. Su caso es uno de los tantos en los penales del país.

Los representantes de Derechos Humanos en Tarija fueron recopilando en los últimos años, una serie de casos y de historias de violaciones cometidos por miembros de la Policía, como por los jueces.

Secuestros, torturas, confesiones arrancadas, acusaciones falsas, sobornos, arrestos ilegales, sentencias injustas, allanamientos y arbitrariedades entre otros.

“Luego de varios días  ingresé al penal de Morros Blancos el año 90, y como estaba recomendado por los agentes, los internos me golpearon también, ahí conocí al Joselo, nunca lo había visto o conocido antes, pero fue él con otras dos personas,  quienes me golpearon hasta dejarme mal herido”, contó con lágrimas en los ojos.

Sin embargo, logró salir del hospital San Juan de Dios donde estuvo internado por cinco días y comenzó a conocer gente dentro del penal,  hasta que salió su sentencia que fue de ocho años de privación de libertad.

“No pude hacer mucho, no tenía dinero y me defendió un abogado que recién había salido de la facultad; pero, no le hecho a él la culpa,  al ser  cómplices los policías y los juzgadores, porque sin pruebas me condenaron”, recordó.

Trabajo

Carvajal, indicó que no le quedó otra cosa que aceptar su culpabilidad sin haber hecho nada; es así que comenzó a ser útil dentro de la cárcel.

El condenado  comenzó a trabajar como carpintero, primero como ayudante y luego aprendió a realizar sus propios trabajos.

Dentro del penal, existen diferentes tipos de personas, desde su perspectiva: las que no hacen nada, las que paran pidiendo dinero a las visitas, las que hacen deporte, las que estudian y las que trabajan con alguna actividad, como la carpintería.

“Tenía un maestro carpintero que se llamaba Ángel, era muy bueno,  él estaba con una condena de 15 años de cárcel por un homicidio, me contaba que hizo ese delito porque se defendió en una borrachera de un joven que le quería matar”, contó.

Asegura que  Ángel era una persona buena y generosa, quien le  enseñó “toda su sabiduría”.

Abel “El Carpintero”,  como todos los reos lo conocían,  era muy querido por sus compañeros, pues su “maestro” cumplió su sentencia y salió en libertad,  quedándose  a cargo de la carpintería.

Así  comenzó a enseñar y al mismo tiempo ayudaba a todos los internos que  les interesaba cambiar su vida y dedicarse a la carpintería.

“Pasaron por mis manos y por mi taller, así es como yo le decía al lugar donde trabajaba, todos aprendieron y llegaron a ser persona de bien”, relata.

Indica que nunca dejó de pensar que era inocente.

Al final de la entrevista con el Periódico, resaltó el goce de su libertad después de cumplir aquella sentencia, afirmó que la misma cambió su vida y espera que otras personas puedan hacerlo, pero de buena forma.

La reinserción solo sucede por el esfuerzo  de los internos

Si existe reinserción social de las personas privadas de libertad sucede solo a partir de sus propios esfuerzos,  y no por una acción del Estado, dice el psicólogo y docente universitario José Manuel Pacheco, sobre la base de una investigación extensa multifactorial.

El psicólogo se ha especializado en estudiar las condiciones de las personas privadas de libertad en el país.

Pacheco explica que hablar de rehabilitación es “incorrecto”, porque incorpora un tratamiento médico o psiquiátrico que considera enfermas a las personas encarceladas.

No es el caso de la mayoría de las internas e internos que necesitan principalmente un trato de respeto a sus derechos para retornar a la sociedad.

El estudio analiza tres factores incorporados en la legislación para evaluar la reinserción de los privados de libertad: trabajo, estudio y disciplina.

El investigador añade la salud física y psicológica, como elemento que también permite a los presos volver a vivir en libertad.