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Arde Sama….Tarija reza





11 agosto, 2017

Otra vez, para variar, llega agosto y nos trae sus vientos, los incendios, la irresponsabilidad y la falta de previsión. Sabemos muy bien lo que pasará y no nos preparamos, no tomamos recaudos, no establecemos un plan de contingencia, recién lo queremos hacer ahora cuando el fuego se está comiendo nuestra campiña, cuando nos asustamos y corremos a intentar hacerle frente, cuando exponemos a jóvenes voluntarios que en condiciones precarias.

Es la historia de cada año pero seguimos inertes, sin ser pro activos y prepararnos para estos sucesos que no son eventuales ni aislados, que no son simplemente accidentales, porque no puede ser accidente la irresponsabilidad de unos cuantos o de uno solo, no se informa, no se comunica, no se advierte, no se educa… dejadez que raya en negligencia. Cientos de familias están en riesgo, la alarma es general, esfuerzos sobran pero la naturaleza es más fuerte e impredecible, el viento apaga y enciende el fuego, cuando se cree que se venció una barrera, esta se levanta nuevamente, el fuego se multiplica y expande, las manos de quienes quieren sofocar el fuego no, más bien merman por el cansancio y el agotamiento.

Los incendios casi siempre aparecen en las montañas, casi siempre se dan porque se le descontroló a alguien que quería limpiar su terreno, no faltan los impudentes que arrojan un cigarro encendido o los que dejan todavía humeando una hoguera… eso ya lo sabemos, pero como departamento, municipio, ¿ qué hacemos para evitarlo?, no tenemos helicópteros que puedan arrojar agua o químicos desde arriba, es imposible acceder a esas zonas con carros cisternas, por tanto no hay conexiones de agua, ni siquiera se ha previsto instalar tanques con el líquido elemento que sirva para una reacción temprana y oportuna, no contamos con una sola medida preventiva definida.

No queda más que ayudar, que convocar, que llevar alimentos y agua para los valientes voluntarios que se juegan la vida literalmente, no queda más que rezar, para que no se afecte a seres humanos y animales, para que el viento cese, para que la naturaleza regule el descontrol provocado por nosotros mismo.